Un agente no es un chatbot: razona en cadena, recuerda, actúa por su cuenta y se conecta a tus sistemas. La AEPD ha publicado orientaciones sobre qué cambia en clave RGPD cuando la IA deja de responder y empieza a hacer.
Usar un modelo de IA no es lo mismo que modificarlo, y modificarlo mucho te cambia de casilla en el AI Act. Las directrices de la Comisión ponen un umbral concreto a esa frontera. Qué significa para una empresa que afina Llama o Mistral con sus datos.
La obligación de que un chatbot informe de que es una IA recae en quien lo diseña, no en quien lo usa. Lo que le corresponde a la empresa que lo despliega es otra cosa: verificarlo y no romperlo. La diferencia importa más de lo que parece.
Las herramientas gratuitas de la AEPD son un excelente punto de partida para el RGPD básico de una pyme. La propia Agencia advierte de su límite: obtener los documentos no implica cumplir. Y la IA queda, por diseño, fuera de su alcance.
Las normas técnicas que harán operable el alto riesgo del AI Act aún no están publicadas ni citadas en el Diario Oficial. Qué significa eso para quien compra o despliega sistemas de alto riesgo, y por qué conviene desconfiar de ciertos mensajes comerciales.
Mientras muchas empresas miran el calendario del AI Act, olvidan que el RGPD ya se aplica a la IA hoy. Los patrones que más expedientes generan son evitables, y todos apuntan a lo mismo: falta de evaluación y de evidencia.
Mientras todos celebran el aplazamiento del alto riesgo, la obligación de transparencia del Artículo 50 sigue aplicando desde el 2 de agosto de 2026. Es la fecha que muchas pymes no están mirando.
El Digital Ómnibus reescribe el Artículo 4 en un tono menos exigente. Eso no significa que la alfabetización en IA deje de importar. Significa exactamente lo contrario de lo que venden los mensajes alarmistas.
Se parecen, se solapan y a menudo se confunden. Pero la FRIA del AI Act y la DPIA del RGPD son instrumentos estructuralmente distintos. Dar una por la otra es un error con consecuencias.
El diagnóstico por imagen con IA ya es rutina en muchas clínicas. Entender por qué se clasifica como se clasifica —y qué obligación llega primero— evita tanto el pánico como la ligereza.